Las apariencias engañan

Las relaciones con los demás personas, son tan importantes para los seres humanos como la vida misma. A veces sin embargo las apariencias nos engañan. Vemos personas enloquecidas por ganar más dinero para satisfacer sus necesidades, deseos o caprichos; 
artistas trastornados por la fama, sin una visión clara sobre qué hacer con el dinerito que ganan; políticos obsesionados en su lucha tras el poder, donde el más astuto gana.
 
Todos ellos, al igual que las personas comunes y corrientes que buscamos el bienestar de nuestras familias, necesitamos “inevitablemente” establecer relaciones con los otros, para hacer realidad nuestros sueños. Es en esas relaciones donde inicia la aceptación o discriminación, dependiendo de cual haya sido nuestra primera impresión. Cuando vemos a una persona por primera vez, observamos su aspecto externo y nos fijamos en su ropa y forma de vestir, en su rostro, y al iniciar una conversación estamos pendientes de su forma de hablar, su forma de actuar. Así deducimos sobre el tipo de persona con quien nos estamos relacionando, y tendemos a juzgarla sin realmente conocerla. Las falsas apariencias son como los edificios, tarde o temprano se derrumban y se descubre el verdadero ser.
 
La Real Academia de la lengua, define apariencia como el "aspecto o parecer exterior de alguien o algo" pero, nos agrega que es una "cosa que parece y no es", de manera que la ambigüedad está presente. La apariencia puede ser auténtica o no. El dilema es: ¡Ser o aparentar ser!, Mahatma Gandhi parecía débil, pero tenía una gran fortaleza. Albert Einstein tenía una apariencia de enfermo mental y era uno de los seres más racionales que haya existido. Cualquier persona que miraba a la Madre Teresa de Calcuta (beatificada por el Papa Juan Pablo II), sin conocerla, podría imaginarse una monjita “insignificante”, pero ¡qué obra tan majestuosa la que realizó, en su paso por este mundo!, atendiendo: a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos. 
 
Las apariencias engañan a la mente humana, pero no al corazón. Cerca de 1000 años antes de Cristo, Yavé (Dios) ordenó a Samuel (último de los jueces y profeta), ir a la casa de Jesé del pueblo de Belén a ungir como rey a uno de sus hijos. Cuando Samuel miró a Eliab, el hijo mayor, se dijo: “sin duda éste será  elegido”, pero Yavé dijo a Samuel, no mires su apariencia ni su gran estatura, porque lo he descartado. Pues la mirada de Dios no es la del hombre; el hombre mira las apariencias, pero Yavé mira el corazón. Dios había elegido al hijo menor de Jesé, para ser ungido rey, se trataba del Rey David.
 
Vivir de apariencias es un mal generalizado en nuestra sociedad. Para hacer cambios se requiere mucha sabiduría y discernir apropiadamente en los siguientes aspectos, entre otros: 1) Una persona que vive de apariencias muchas veces dice algunas verdades, el problema es que no vive conforme a lo que dice, y corre el riesgo de dañar la vida de los demás. Por ejemplo: un padre borracho, le puede decir a su hijo que las bebidas alcohólicas son malas para la salud y el hijo puede entender, pero aún así las ingerirá, porque lo ha aprendido de su padre. Lo mismo sucede con un padre corrupto, el hijo aprenderá el ejemplo que ha recibido de su  padre. 2) Una persona que vive de apariencias exige a los demás lo que él no es capaz de hacer. No cumple con sus compromisos “es irresponsable”, pero espera que los demás le cumplan con lo prometido. 3) Una persona que vive de apariencias, hace las cosas solo por figurar. Ama los primeros asientos en las reuniones y el día que alguien no reconoce su trabajo, se frustra y se desanima de seguir trabajando con eficiencia y eficacia.
 
Los humanos somos seres complejos, polimorfos, con actitudes, emociones y comportamientos poco coherentes entre sí, en algunos casos contradictorios. A veces quien sonríe por fuera, llora por dentro, quien parece tenerlo todo, en realidad siente que no posee nada realmente valioso. No siempre las apariencias nos dicen lo que la persona es, por lo tanto, lo mejor será conocer primero para después juzgar. Nunca dejes que las apariencias te engañen, porque podrías hacer juicios injustos.
 
(*) Consultor Sénior de Empresas Familiares y Gobiernos Corporativos
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Tegucigalpa, MDC, 27 de agosto de 2015. 
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